
Es increíble lo rápido que se borra el disco duro humano. Miro de reojo lo que había aprendido en mi blog anterior, y no me reconozco. Supongo que, como me suele recordar un buen amigo, para cada cosa hay una edad y la mía TIC ya entró en la jubilación.
Pero no me preocupa, pues ya que es una ventana a los amigos, ya se encargarán ellos de echarme una manita para que esto vaya cogiendo forma.
Podría culpar de mi torpeza a cierta visita que llegó a mi vida sin avisar y no se quería marchar. Esa sí que está siempre en mi cabeza, y tardaré en olvidarla. Pero siendo justos, creo que la he maltratado tanto como ella a mí, y cuando acabemos la pelea (que ya tengo ganadísima) pienso pasarlo tan tan bien que no voy a permitirme desperdiciar un solo segundo de mi única e irrepetible vida.
Como veis, hasta de las visitas incómodas se aprenden cosas.



Es cierto que de todo se aprende, incluso de aquello que más odiamos, de lo que nos machaca sin piedad, de los enemigos más amargos, de la historia que se repite... Y si aprendemos que hay que vivir día a día, apartando cuanto antes de nuestro lado lo que atormenta el cuerpo y la mente, habremos logrado descifrar el elixir de la vida. Y tú de eso sabes mucho. ¡Lo que podrías contar! Incluso impartir un máster.
ResponderEliminarEs cierto que a las visitas incómodas no deberíamos abrirle nuestras puertas, pero a veces, nos abordan con sigilo y cuando nos enteramos de su presencia no tenemos más remedio que echarlas a patadas.
Creo que estás más que capacitada para solucionar todos estos imprevistos. La fuerza te acompaña para enfrentarte con el la do oscuro.
Duro y a por él.
Te quiero.
Jaime.